DISCURSO

400° ANIVERSARIO DEL DESCUBRIMIENTO DEL CABO DE HORNOS

Después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, las potencias marítimas más importantes de la época, España y Portugal, competían con gran empeño y sacrificio en seguir descubriendo y conquistando nuevas tierras para sus respectivas coronas. El 1º de noviembre de 1520, el navegante portugués Hernando de Magallanes, al mando de naves españolas, descubrió el estrecho que hoy día lleva su nombre y que, 27 días después, lo conduciría al océano Pacífico, que era el mismo océano que descubriera Vasco Núñez de Balboa en 1513, al que bautizó como mar del Sur.

Si bien, las duplas de Colón y Magallanes por España, y Vasco de Gama y Alburquerque por Portugal, le otorgarían al mundo su vinculación planetaria, abriendo definitivamente el orbe, unos navegando hacia el occidente y otros hacia el oriente, ese nuevo descubrimiento, que por muchos años fue un gran secreto muy bien guardado por los capitanes de las naves españolas, al final fue conocido parcialmente por otras potencias marítimas y comerciales, como eran la nueva república de Holanda y el reino de Inglaterra, quienes también deseaban encontrar una nueva vía marítima para llegar a las islas de las especias, como igualmente al renombrado y lejano reino de Catai (China), tan divulgado por Marco Polo, y donde aún restaba por descubrir el acceso oceánico al sur del confín de América.

No obstante, durante el siglo XVI, algunos navegantes habían descubierto casualmente el término geográfico de América. El primero de ellos se dice que habría sido Francisco de Hoces (1525), quien al acceder a la boca Oriental del estrecho de Magallanes derivó hacia el sureste, hasta no haber avistado tierra; sin embargo, según estudios modernos no habría sobrepasado la latitud de la isla de los Estados.

Más importante para los efectos de la navegación, fue el hallazgo que hizo Drake en1578, al poder observar casualmente que, en su extremo austral el continente americano se encontraba sólo rodeado por la alta mar, luego de cruzar el estrecho de Magallanes, a bordo de su nave insignia “Golden Hind”, y abatir hacia la latitud de los 57° 20’ Sur, sin llegar a avistar tierra.

Con todo, tendrían que transcurrir casi cuatro décadas para que, el referido paso interoceánico austral fuera descubierto como tal, en toda su expresión bioceánica. El mérito correspondería a Holanda y en particular a su naciente “Compañía Austral”, perteneciente a la familia Le Maire, siendo su móvil, encontrar por razones comerciales, una nueva ruta que los llevaría a las Molucas, al margen del monopolio que ejercía la “Compañía Unida de las Indias Orientales” para estos mismos efectos, a través del estrecho de Magallanes.

Fue así como, en el bitácora del Eendrach (Concordia), el 25 de enero de 1616, perteneciente a la expedición de Le Maire y Shouten, testimonió lo que sigue:

“En la mañana estábamos cerca de la tierra del oriente - era muy alta e irregular. Le dimos el nombre de Statenland, pero a la tierra al oeste la llamamos Mauritius de Nassau. Sin dudas, era el gran Mar del Sur, lo que nos puso muy contentos, porque habíamos encontrado un camino que hasta ese momento era desconocido para la gente”.


El día 29 siguiente, escribía Jacob Le Maire en el bitácora de su nave:

“Después de mediodía, vimos tierra al NNW, muy alta y blanca de nieve y vimos dos cerros altos hacia el weste. Especulamos que ahí terminaba la tierra alta, porque podíamos ver el final con buen tiempo, a lo que el presidente, en honor a la ciudad de Hoorn llamó “Kaap Hoorn”.


En la citada ocasión, tanto Le Maire como su piloto Willem Cornelis Schouten dejaron establecido en una declaración que:

“A través de un nuevo pasaje, que nos llevó desde el Mar Grande (Atlántico), al Mar del Sur (Pacífico), específicamente al sur y sobre el estrecho de Magallanes y las islas vecinas y hasta la latitud de 58 grados y 58 minutos; Donde los abajo firmantes declaran, y aseguran haber encontrado un muy espacioso y amplio mar, al sur de las tierras e isla de América. Testificando también con la verdad que no sabemos, o nunca hemos sabido, que algún pueblo de Europa haya navegado o pasado a través de este pasaje”.


De este modo, a continuación otros navegantes holandeses seguirían la estela dejada por Le Maire y Shouten, cruzando las aguas de la nueva ruta oceánica del Cabo de Hornos. En particular, podemos destacar a Jacques L’Hermite y Huygen Schapenhamm (1623-1626), al mando de una escuadra compuesta por 11 buques, que luego de zarpar de Goree, en Holanda, se encontraban frente al cabo de Hornos, el 6 de febrero de 1624, habiendo recalado en la actual bahía Nassau, donde efectuaron un levantamiento hidrográfico, incluida unas radas que nominaron como Orange y Windhond, y así constatar, en los topónimos vigentes de la bahía Nassau y de los archipiélagos de las Wollaston y Hermite, el legado único que quedó de la presencia de esa histórica Flota.

Otra de las escuadras holandesas de categoría, que cruzó años después el Cabo de Hornos, fue la de Hendrick Brouwer y Elías Herckmans (1642-1643), destinada a la conquista del sur de Chile y en particular de Valdivia y Chiloé, donde fondeó el 9 de mayo de 1643, para regresar a Pernambuco el 28 de octubre siguiente, sin los resultados esperados para esa campaña. Luego de haber sido evocadas estas importantes flotas holandesas, que hicieron uso de esta nueva vía, es del caso hacer presente que, España vio con ello amenazada su presencia en todo el Pacífico Sudoriental y en particular en Chile, lo que motivaría como reacción inmediata la fortificación de Valdivia y más tarde la del archipiélago de Juan Fernández.

Significado del descubrimiento


Bajo una consideración estratégica, el empleo de esta nueva vía facilitaba el acceso al océano Pacífico, en comparación con el uso del estrecho de Magallanes, cuya aleatoria travesía, según los vientos reinantes, incluía el riesgo de un naufragio, y en circunstancias que la ruta del cabo de Hornos era despejada y abierta, aunque sujeta a los más severos temporales y a la presencia de vientos contrarios, que obligaban a efectuar sucesivas bordadas y desplazamientos de retorno.

No obstante lo anterior, el descubrimiento de este nuevo paso interoceánico, produciría en Europa, y en particular en España, un revuelo, dado que en aquel entonces el océano Pacífico era considerado “un lago español”, hasta alcanzar la longitud de las Filipinas, como reminiscencia del “Tratado de Tordesillas”, condición que el citado Imperio pretendía hacer prevalecer.

De esta forma, Madrid, tan pronto se enteró de este descubrimiento, despachó una expedición que siguiera las aguas de la anterior y que pronto quedó organizada al mando de los hermanos Bartolomé y Gonzalo Nodal de Pontevedra, los cuales fondearon en bahía Posesión en enero de 1619 y luego de descubrir la actual bahía de Buen Suceso, recalaron frente al cabo de Hornos, el 12 de febrero de 1619, al cual bautizaron bajo el topónimo de cabo de San Ildefonso y más hacia occidente, descubrieron un archipiélago que denominaron Diego Ramírez, en homenaje a su piloto. El día 25 siguiente divisaban el cabo Deseado en el acceso a la boca Occidental del estrecho de Magallanes, para luego ingresar en éste y ser los primeros navegantes en circunnavegar la Tierra del Fuego, para luego regresar a España el 9 de julio de aquel año.

Posteriormente, a fines del siglo 17 e inicios del 18, los armadores franceses de Saint Maló, y los de Marsella, se habían propuesto quebrar el monopolio que ejercía la corona española sobre el comercio y la navegación en el Pacífico Sudeste. Fue de esta forma, como dichos navegantes exploraron la ruta del Estrecho de Magallanes y del Cabo de Hornos, iniciando los viajes franceses a Chile por esta última ruta.

A partir de entonces, numerosos buques franceses establecieron definitivamente la vía cabo de Hornos, para recalar luego en Talcahuano, Valparaíso, Arica, Paita, Callao, Guayaquil y retornar a Francia con un alto rédito económico, reemplazando la ruta de Portobello - Panamá – Callao – Valparaíso.

Dado estos hechos y las facilidades otorgadas por el intercambio vía cabo de Hornos, esta ruta comenzó a imponerse y el tráfico marítimo había logrado reducir en un 60% el valor de los fletes, con el consiguiente beneficio económico y social, tanto para Chile como para el virreinato del Perú.

Durante el transcurso del siglo 18 y 19, por haberse constituido el paso del cabo de Hornos en una nueva ruta marítima para comunicarse y comerciar entre los puertos del Atlántico y del Pacífico, cada año que pasaba era mayor el número de veleros que transitaba por esa arriesgada y tempestuosa zona. Es así que los más conocidos y renombrados veleros, quizás hayan sido los clipper estadounidenses, que hacían el trayecto entre Nueva York y San Francisco, California y viceversa.

Estudios realizados en Estados Unidos, sobre la actividad marítima de la época, dan cuenta que sólo en 1849, se registró el zarpe desde el Atlántico Norte hacia San Francisco, por la ruta del cabo de Hornos, de 777 naves veleras, señalando además que, durante el período de 1850 a 1920, sólo desde los puertos de la costa Este de Norteamérica, zarparon hacia San Francisco, 10.000 veleros con materiales y colonos que iban a instalarse en esas nuevas tierras, constituyendo una de las mayores migraciones navieras en la historia marítima moderna. Como se puede apreciar, fueron miles y miles las naves que surcaron esta alejada zona austral de América y que, en la actualidad, todavía se sigue surcando por diversas naves del orbe, aunque más que nada con fines turísticos, deportivos y científicos.

Pero también, este lugar donde se funden en un permanente mar tormentoso, los océanos Atlántico y Pacífico, que ha sido para los más atrevidos marinos el mayor desafío a la naturaleza, como también para muchos, el lugar de descanso eterno, representa la zona que registra el mayor número de naufragios en el mundo, alrededor de 800 buques y unos 10.000 marinos, desaparecidos. Conforme a los antecedentes históricos existentes, la primera nave conocida que naufragó frente a este imponente peñón fue el Orange Boom, en 1643, y que pertenecía a la expedición del general holandés Hendrick Brouver, perdiéndose la totalidad de su tripulación.

De esta forma, durante cuatro siglos, la fama del cabo de Hornos ha recorrido todas las rutas de navegación, ciudades, puertos y bares del mundo. En boca de los marinos fue historia, leyenda, tradición y mito. El navegar este Cabo de Hornos entregaba tácitamente a los Comandantes, Capitanes y tripulantes el codiciado rango de “verdadero Hombre de Mar” y el indiscutible derecho a ser escuchado por doquier, con admiración y respeto.

Como una manera de rememorar las experiencias marineras, en 1937, en Saint Maló, Francia, se fundó una organización que agrupaba a los capitanes de veleros que cruzaron el cabo de Hornos. Posteriormente, esa institución pasó a denominarse “Amicale”. En el año 1987, en Chile, se fundó una organización muy similar, estableciéndose como requisito necesario para ingresar a esta novel institución, el haber cruzado el meridiano del cabo de Hornos al mando de una nave de cualquier tipo.

La Armada


La Armada de Chile, desde sus inicios, ha estado presente en el Cabo de Hornos. Inicialmente, empleando dicha ruta junto al Estrecho de Magallanes, para transitar hacia Europa y el Atlántico, y posterior a la fundación de Punta Arenas, al consolidar su presencia en esta región austral, llevando a cabo diferentes misiones de reconocimiento, levantamientos hidrográficos, prestando apoyo a la comunidad y salvaguardando la vida humana en el mar.

Durante 1948, la superioridad naval propuso al Supremo Gobierno la creación de una base naval en el área del Beagle, manteniendo buques y servicios entre Navarino y las Islas Australes. En efecto, el Gobierno dispuso a través del Ministerio de Defensa, poner en marcha un plan responsabilizando de su ejecución, a la Comandancia en Jefe de la Tercera Zona Naval. Es así, como en noviembre de 1953, se funda un poblado en Puerto Luisa, actual Puerto Williams y se crearon Puestos de Vigías y Señales dotados con personal naval en la Isla Picton, Lennox y Diego Ramírez, quienes tenían la misión de reafirmar la soberanía nacional y ejercer vigilancia jurisdiccional y cumplir labores de observación meteorológica.

En este mismo sentido, el día 12 de enero de 1959, fondeaba en la rada de la isla Hornos la fragata “Baquedano”, transportando material para la construcción del primer faro oceánico, el cual en principio tenía un alcance de 12 millas náuticas. Posteriormente, el 15 de noviembre de 1991, la Armada procedió a inaugurar en el lugar, la puesta en servicio de un nuevo e imponente faro, de 20 millas de alcance, sobre la base de una estructura elaborada de fierro fundido, construcción que fue empotrada en hormigón armado y fundada en roca.

Asimismo, en el año 1998 esta señalización fue habilitada como Estación Fija de Alerta Marítima, pasando a formar parte de la Red Nacional de Búsqueda y Rescate Marítimo, en coordinación con la estación Naval de Puerto Williams y la Comandancia de la Tercera Zona Naval en Punta Arenas. Las actuales estadísticas de la Estación Marítima del Cabo de Hornos indican que cada año navegan por estas aguas alrededor de 500 embarcaciones, incluyendo cruceros, buques mercantes, buques de pesca y veleros, lo que significa alrededor de 88.000 personas cada año. La Armada de Chile vela por la seguridad y tranquilidad de todas ellas.

Palabras finales.


Las relaciones entre los países están basadas en valores y hechos históricos compartidos. Chile y los Países Bajos están unidos por su pasado desde hace más de 400 años y hoy conmemoramos otro hecho importante que nos une.

El descubrimiento del Cabo de Hornos por Willem Schouten y Jacob le Maire es un hito en la historia de la navegación y de los hallazgos geográficos del siglo XVII y, asimismo, envuelve de mística y audacia la navegación por esas aguas australes.

El día de hoy, celebramos los 400 años de esa tarde en que desde el navío Eendracht se avistó el mítico peñón que fue nombrado en homenaje al puerto de Hoorn, desde donde había zarpado la expedición algunos meses atrás.

Esta nueva vía de navegación por el cabo de Hornos, vendría, a partir del siglo 18, a reemplazar, no sólo al estrecho de Magallanes, como paso oceánico alternativo, sino que además dejó obsoleta la vía por el istmo de Panamá.

De este modo, la evolución del tráfico marítimo, contribuyó al inicio del despegue económico del Reino de Chile y más tarde, de su incipiente República, ya que, al romper nuestro aislamiento geográfico, bajo la fórmula comercio-navegación, sentó las bases de nuestro desarrollo. La imponente mole granítica del cabo de Hornos, fue entonces el hito que señalizó el camino de agua hacia la prosperidad, hasta que, nuevos conceptos e innovaciones marítimas lo suplantarían en las centurias siguientes.

La Armada de Chile, consiente de la trascendencia geopolítica de esta vía, desde sus albores ha estado presente en el Cabo de Hornos, desarrollando actividades de vigilancia y resguardo de la soberanía nacional, como también, aquellas fundamentales para la seguridad de los navegantes y de contribución al desarrollo de la región.

De esta forma, la institución rinde un homenaje y recuerda a aquellos audaces marinos que se aventuraron hasta el fin del mundo en búsqueda de tierras incógnitas. Ese espíritu y osadía debe iluminarnos para aventurarnos con el mismo entusiasmo por la paz y el desarrollo de nuestras sociedades.

Muchas gracias.

CA Ivo Brito Sánchez
Comandante en Jefe de la Tercera Zona Naval